Apolo y Dafne, una relación imposible

Apolo y Dafne.Bernini

Una  enorme cantidad de mitos antiguos sirven para explicarnos al común de los mortales cómo se formaron o de donde toman su nombre, una gran cantidad de animales, ríos, accidentes geográficos e incluso plantas. Precisamente una  de estas últimas va a ser, aunque de forma indirecta la protagonista de nuestro artículo mitológico del día. Una planta, el laurel, que utilizamos de forma cotidiana en nuestra cocina, para aromatizar todo tipo de platos.

Para averiguar que tiene que ver algo tan cotidiano como el laurel, con la mitología, es necesario que buceemos un poco en Las Metamorfosis de Ovidio (una obra que os recomendamos leer) y buscar el mito de Apolo y Dafne.

¿Quién es Dafne?

Dafne, hija de un dios río menor llamado Peneo y de la ninfa acuática Creúsa, era una de las más hermosas ninfas arboleas. Tan grande era su belleza, que no había ningún hombre de la zona que no hubiera intentado ganarse su corazón. Sin embargo, Dafne, rechazaba todas las proposiciones, ya que lo único que le interesaba era cazar y vivir libre por el bosque.

Lo que no podía sospechar la pobre infeliz, es que este tipo de vida, iba a convertirse en uno de los motivos  de su desgracia.

Un día, Apolo y Eros, se encontraban peleando cerca del bosque en el que vivía Dafne. Apolo se reía del el aspecto que tenía un joven tan hermoso y delicado, como es Eros, manejando un rudo arco de madera.

Harto de las burlas de Apolo, sacó de su carcaj dos flechas diferentes, una dorada y otra de hierro, con las que disparó a Apolo y a Dafne. La del dios, hizo que se enamorara perdidamente de la ninfa y la de la ninfa, de hierro, sembró automáticamente el odio a Apolo en su corazón.

Tras esto se inició una gran persecución a lo largo del bosque, en la que a pesar de sus pies ligeros, no parecía que el dios, pudiera dar alcance a la ninfa. Apiadados los demás dioses, permitieron que Apolo, consiguiera darle alcance.

Dafne, aterrada al ver que su perseguidor había conseguido su propósito, pidió ayuda a su padre Peneo, el cual decidió convertirla en un árbol. Cuando Apolo pudo llegar al fin hasta su amada, esta, ya estaba prácticamente convertida en el árbol que desde entonces tomaría como símbolo: un laurel.

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