Clara Campoamor

 

Nació en Madrid en 1888, y al quedarse huérfana de padre a los trece años tiene que dejar los estudios para ponerse a trabajar de dependienta. A los 21 años aprueba unas oposiciones a Telégrafos y es destinada primero a Zaragoza y luego a San Sebastián, una ciudad que será muy importante en su vida.

Pero en realidad ella lo que quiere es estudiar Derecho, porque siempre ha admirado a Concepción Arenal, y se lo impide la falta de dinero. Por eso oposita de nuevo y saca una plaza de profesora de mecanografía y taquigrafía en Madrid, con un sueldo bastante mayor que antes.

Al fin se licencia en Derecho a los treinta y seis años en 1924, y al año siguiente se inscribe en el Colegio de Abogados. Ya desde 1916 formaba parte del Ateneo madrileño y es capaz de rechazar la proposición de Primo de Rivera para que forme parte de la Junta de Gobierno del citado Ateneo porque no comulga con sus ideas. Ella es republicana de corazón y de hecho cuando se proclama la república el 14 de abril de 1931 lo celebra desde el balcón del Centro Republicano de San Sebastián.

Ahora las mujeres por fin empiezan a tener algunos derechos y a participar en política. Gracias a la modificación de la ley electoral que permite que las mujeres mayores de 23 años puedan ser diputadas, la propia Clara, Margarita Nelken y Victoria Kent obtienen su acta.  Pero la desunión entre Clara y Victoria acerca del voto femenino actuará en favor de sus enemigos. Kent piensa siempre en el partido, mientras que Campoamor quiere por encima de todo que las mujeres puedan votar. Ambas se enfrentan a menudo en el Congreso y el 1 de octubre de 1931 se aprueba el derecho al voto femenino. Las mujeres acuden por primera vez a las urnas en 1933 y aunque ni Clara ni Victoria salen elegidas, hay representación femenina en el Congreso, en las figuras de Margarita Nelken, Matilde de la Torre o Veneranda García Blanco, entre otras. En  muchos medios se culpa a Clara del fracaso pero ella continúa en política. Lerroux la nombra Directora General de Beneficencia, cargo del que dimitirá en 1934, después de las revueltas. Abandona también el partido radical.

Casares Quiroga la convence para que solicite el ingreso en Izquierda Republicana, pero a pesar de contar con su apoyo, se rechaza su petición. Al estallar la guerra civil, desengañada de la política, emprende el exilio, primero en Lausana y luego en Buenos Aires, donde pasará casi dieciocho años. Aunque intenta volver a España se la acusa de pertenecer a la masonería, y nunca se lo permiten. En el Archivo de Salamanca se conserva un expediente abierto a este respecto. Aprovecha los últimos años para viajar por Europa y de vez en cuando colabora en el despacho de abogados de su amiga Antoinette Quinche, a la vez que forma parte de muchas asociaciones feministas. Murió de cáncer en 1972, en Lausana. Posteriormente sus restos serán trasladados a España y está enterrada en el cementerio de Polloe, de San Sebastián.

 

2 comentarios sobre “Clara Campoamor”

  1. Afortunadamente, se ha recuperado en algún medio, como la televisión, a esta impresionante mujer. Yo sueño con poder leer algún día toda la retórica desplegada en las Cortes, cuando las Cortes Generales, eran lo que debían ser!!!

  2. Si, y cuando los diputados sabían hablar y sobre todo no iban allí a dormirse encima de los papeles con toda la cara dura. Ains, qué país.

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