Las muertes más tontas de la Historia

Tortuga

Como ya os dijimos la pasada semana, vamos a dedicar las vacaciones de Navidad, a descubriros algunos de los datos más curiosos de la Historia. Hoy, vamos a dejar los megaproyectos arquitectónicos del pasado  (de los que es bastante probable que hablemos en más ocasiones), para ir en la búsqueda de los personajes históricos a los que la muerte les vino a buscar de la manera más tonta del mundo.

Las muertes más tontas de la Historia

Comenzamos nuestro repaso por las muertes más tontas de la Historia con la del genial dramaturgo Esquilo.

Dicen, que un día estaba paseando tranquilamente Esquilo, cuando apareció por el cielo un águila. Éste águila, que a tenor de los acontecimiento parece que no había desayunado demasiado bien, comenzó a aproximarse hacia el lugar en el que se encontraba Esquilo. Justo cuando estaba a la altura de su cabeza, la tortuga se desprendió de las garras del águila, causándole la muerte instantánea a uno de los grandes autores de teatro trágico de la Historia.

Un par de siglos más tarde, a otro de los grandes sabios de la Antigüedad, Arquímedes, también le llegaba su hora de forma prematura. En esta ocasión, la culpa no la tuvo ningún animal, sino la cabezonería del sabio, el cual insistió tantas veces a un soldado romano que dejara de pisarle sus dibujos, que este en un ataque de ira, le atravesó con su gladius (a pesar de que tenía órdenes de sus superiores de respetar la vida de Arquímedes)

Damos un gran salto hacia delante para ocuparnos de tres integrantes de las casas reales más importantes de Europa: Enrique I de Castilla, Alejandro I de Grecia y Maximiliano de Austria.

¿Cómo murieron estos tres? El primero de un cantazo en la cabeza mientras se divertía junto a sus amigos, el del el medio por la rabia que su mono mascota le contagió cuando le pegó un mordisco y el último…se comió con tanta avidez unos melones, que le produjo una mortal indigestión.