Tiberio

Tiberio

Nació fruto del matrimonio entre Tiberio Nerón y Livia Drusila, pero cuando era muy pequeño sus padres se divorciaron y Livia volvió a casarse con Octavio Augusto, que como solo tenía una hija, Julia, le adoptó a él y a su hermano Druso.

Tiberio era en su juventud un hombre fuerte y de buen aspecto, con una inmejorable salud, y sobre todo un magnífico soldado. Siendo muy joven se casa con Vipsania Agripina, que será el único amor de su vida, y con la que tiene a su hijo Druso. Poco le durará la felicidad, porque Augusto le obliga a divorciarse de ella para casarse con Julia, su hija. Se trata de un matrimonio de estado, mediante el cual el emperador desea tal vez que un nieto de su propia sangre herede su imperio. Tiberio odia a Julia y su vida disoluta y llena de amantes, y por eso procura que Octavio se entere de todos los desmanes y libertinajes de su hija. De común acuerdo la destierran a una isla perdida en donde está condenada a vivir sola, con un par de sirvientes para atenderla.

Mientras tanto Tiberio dirige en Hispania una campaña de castigo contra los cántabros, luego lucha en el Mediterráneo contra los armenios y hace la guerra en Germania. De vuelta en Roma, se le recibe como un héroe, pero él, en un alarde de modestia, se retira por un tiempo a una vida discreta, primero en Ostia y luego en Rodas. Augusto le da permiso para divorciarse de Julia y le nombra tribuno, pudiendo sentarse a la diestra del emperador.

A la muerte de su padre adoptivo y suegro, después de haberse librado oportunamente de Agripa, que tendría que haber sido su coheredero, es nombrado emperador. Al principio de su mandato intenta hacer creer que no desea honores, sino tan solo servir al pueblo romano, y prohíbe que se levanten templos en su honor o que se reproduzcan esculturas suyas o retratos. Prohibió también el culto a Isis, y persiguió con igual saña a astrólogos y judíos. Hay que reconocer su valía como guerrero y estratega, y al menos al principio, cierta capacidad para la administración del imperio. Pero también es verdad que sobre todo a medida que va cumpliendo años se dedicó sobre todo a dar satisfacción a sus más bajos instintos, creando el cargo de “intendente de los placeres”, cuya misión era buscar de continuo carne fresca, masculina o femenina, para dar rienda suelta a la lujuria del emperador.

Durante su imperio se promulgó la “lex maiestatis”, que le daba poder absoluto para acabar con la vida y los bien de quien quisiese. Se deshizo de muchos senadores que le resultaban incómodos, bien ordenándoles que se suicidasen o condenándoles directamente a muerte. Será en su retiro de Capri donde realice los actos más crueles y depravados, en desenfrenadas orgías que pueden durar días y en las que participan adultos, jóvenes y niños. Uno de sus principales espectáculos es que tres personas, variando el sexo de cada uno de ellos, representen para él una unión sexual. Otro de sus placeres es bañarse desnudo en la llamada “Gruta Azul” y rodeado de niños pequeños a los que llamaba “mis pececillos”.

El pueblo empieza a conocer sus desmanes y a mostrar su descontento. En el año 37, cuando el emperador cuenta con 78 años, es estrangulado por un pretoriano, al parecer a instancias de su sobrino Calígula, que será su heredero.

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